Nuestra familia hoy… (primeras preguntas)

Hoy queremos compartir con ustedes esta hermosa experiencia.

El día que llegó nuestro cielito Celeste, lo mejor de nuestras vidas, era una beba hermosa como su nombre, estaba desnutrida, necesitaba muchos besos, mimos, abrazos y amor, amor, amor, era nuestra hija amada.

Es muy cariñosa, traviesa, curiosa. Todo la inquieta, quiere saber todo. Sabía que la fuimos a buscar en avión, que vivía en Salta con tía Estela y su primita Micaela, y muchos chicos más en el Hogar de Niños Santa Clara.

A medida que preguntaba le respondíamos, pero el DIA MAS FUERTE llegó una mañana cuando me preguntó “ ¿yo estuve en tu panza?”. Contesté con voz temblorosa “ no, vos no estuviste en mi panza, porque mamá tenía la pancita enferma, pero no te preocupes porque “ el corazón es muy grande y también se sienten los latidos como en la pancita”.

Comenzó a hacer pucheritos y me dijo “yo no quiero otra panza de otra chica, quiero ser tu bebé”, y se metió entre mis piernas. No pude calmarla por un rato, luego se le pasó. Pero no quería mentirle, hubiera sido más fácil, pero no, ese era el día, el lugar y momento. Cuando se le pasó me dijo “yo soy tu bebé, la auténtica a domicilia”. Me reí muchísimo y le dije que sí, que era la única  de la casa.

 

Tengo muchas cosas para contar, pero hay una que tengo muy presente.

Celeste no quería tomar la leche y todos le insistían:  tenés que tomarla para ser grande, ser inteligente, las nenas tienen que crecer, etc, etc,etc. Un día le pregunté porque no tomaba la leche y me contestó muy enojada, frunciendo la cara y con las manso en la cintura “yo no quiero crecer, no quiero ser inteligente y yo quiero ser tu bebé, y me voy a quedar acá con papá y vos”. No supe que decirle, sólo que tenía que hacerlo para estar fuerte y sanita, y nos reímos.

Queda claro que para ella crecer, ser grande, es alejarse; es evidente que tenemos un lazo muy fuerte, nuestra vida con ella es maravillosa. La criamos en la verdad, con valores, respeto por sus raíces, que para nosotros es fundamental y tratamos de rescatar cada cosita. Ya que no tenemos análisis, ecografías, fotos, etc, nosotros como tantos matrimonios juntamos certificados, informes, fotocopias, servilletas, pasajes, el último atado de cigarrillos, etc. Es una forma difícil y distinta de llevar un embarazo que no se sabe cuánto durará, cuatro meses, un año, dos o tres años…

No hay clínicas, ni médicos; sí asistentes sociales, jueces, fiscales. Las mismas corridas y el resultado es el mismo: ver por primera vez esa carita y abrazarla/o, besarla/o mucho y por supuesto llorar y llorar por la emoción.

Nosotros tenmeos mucho contacto con el Hogar, donde vive su primita, hablan por teléfono, escribimos. Celeste pregunta mucho y nosotros le sacamos todas las dudas de la mejor forma y la más sencilla. El año pasado estuvimos en Tartagal, visitamos el Hogar, el Juzgado, la Dra. Vargas la vio tan grande… Cleleste la miraba como diciendo “ yo te conozco”; tienen mucha memoria y recuerda cada cosa. Tenía sólo 6 meses cuando fuimos a buscarla y parecía de 2; y como siempre lo que preguntaba yo contestaba, en ese viaje pudo confirmar todo. Fue muy fuerte, tuvo cambios bruscos. Yo personalmente guardo todos los recuerdos porque suman para preguntas y respuestas futuras, y tengo algo muy apreciado, un regalo de la Dra. Vargas, un ñandú artesanal hecho por la abuela materna biológica de Celeste, es algo de un valor enorme, es parte de su origen. Celeste siempre pregunta “ ¿sos feliz conmigo?” y la respuesta es siempre un abrazo y no puedo contener las lágrimas, es el amor de mi vida y siempre estaré junto a ella para apoyarla en todo.

Hace unos años atrás nuestra familia era un futuro muy lejano, y después de un largo embarazo de 2 años y 11 meses, se hizo realidad el mejor de los sueños, nuestro cielito Celeste.

 

Analía y Daniel